martes, 28 de abril de 2009

"COSCOY"

Crónica

Como si fuera una aventura del Pato Donald buscando un tesoro perdido en medio de la inhóspita selva de cemento, llegamos al famoso sector El Bosque en Armenia, donde decidimos caminar hasta llegar al barrio Siete de Agosto. Antes de encontrar nuestra meta observamos un barrio realmente desconocido para nosotros, exceptuando la caminante Alba, quien ya había pasado por allí. Colgaban avisos como el de la Fonda Rasca Fija, o aparecían seres especiales como un hombre quien en un par de ollas gigantes cocinaba los chontaduros con los que muchos armenios pasarían días y noches realmente agradables. El humo de la leña que partía de este lugar hizo que nos llegara a la cabeza recuerdos de la infancia, que se conjugaban con la emoción de conocer un sitio diferente a las construcciones de la universidad.


Mientras caminábamos seguíamos indagándonos hacia dónde es que realmente nos dirigíamos. Para ese instante tan sólo sabía que tenía que seguir caminando.


Indagamos con algunos de los habitantes sobre en qué lugar se ubicaba el tesoro. Encontramos alguno que se parecía pero que no era el que deseábamos. Por ello seguimos caminando. Y mientras mirábamos, cada vez algo nuevo, de repente apareció un lugar espectral. Casetas coloridas, unas por el verde de las plantas medicinales, otra por los frutos y verduras que las madres utilizan para realizar el sancocho, o los plátanos para cocinar los frijoles. A su lado el café predominaba, una máquina se vislumbraba, zapatos viejos, pegantes de diferentes calidades, una moto que parecía ser quien escoltaba aquel negocio y un aviso sobre la calle que nos indicaba que el tesoro de los aventureros aparecía ante nuestros ojos. CLÍNICA DEL CALZADO COSCOY.

Eso precisamente era lo que buscábamos con tanto apremio, no porque mis tenis necesitarán arreglo, aunque tengo algunos que los podría llevar allí, sino porque decidimos fotografiar una antigua zapatería.

Todo lo que allí se observaba era interesante, carteles del Milán de Italia, una foto de Pelé, zapatos viejos, una radio que tiene un buen número de años de uso que en ese momento sintonizaba La Ventana del Café, y un hombre obeso que llevaba sobre sí unas gafas azules y pantalones manchados por el trabajo. Este hombre, dueño de la zapatería, era Carlos Alberto Balaguera, conocido como “Coscoy”, apelativo que le sirvió de inspiración para darle nombre a su clínica del calzado.

Sin saberlo nos encontramos con otro desplazado más de Colombia. A “Coscoy” le tocó salir de Campo Alegre, Huila, por amenazas de la guerrilla contra sus hijos. Al parecer este grupo pretendía tomar a sus hijos como combatientes. Hace dos años y medio tomó como su aposento a Armenia, y los cuyabros lo tomaron a él.

En esta zapatería, o “re montadora” de calzado, como Carlos Alberto le denomina, se tiñen chaquetas de cuero, aderezan tenis y zapatos, además de construirlos a la medida. De esta labor depende toda su familia. Mientras seguíamos tomando fotografías, “Coscoy” comentaba que “se podía sobrevivir, no conseguir mucho dinero, pero por lo menos vivir sin tantas necesidades”.

Mientras el zapatero dialogaba con los aventureros que habían encontrado el tesoro de sus fotos, era interesante observar como en este pequeño local de madera y zinc podía encontrarse tantos artilugios, desde una máquina que sirve para coser sobre cuero, pasando por los afiches de fútbol, la infaltable radio, los pegantes, mochilas que vislumbran sobre su tela, los años y los usos que se le habían dado, hasta los relojes de Millonarios. Todo ello dejaba en claro que aquel café que predominaba desde afuera demostraba el amor por el fútbol, la radio y su trabajo.

Y aunque antes de hablar con “Coscoy”, creímos que era un personaje un poco duro, nos enteramos que era un personaje muy amable con tres aventureros que lo único que deseaban era tomar fotografías de una vieja zapatería, y que terminó por convertirse en un tour por un sector de Armenia que desconocíamos, enterándonos que nuestra idiosincrasia nos permite tener una Clínica del Calzado en la que su médico es un zapatero, donde cocinamos en las calles los chontaduros con los que hombres y mujeres disfrutan hasta más no poder, y desde luego, la infaltable fonda Rasca Fija en donde seguramente los aventureros Alba, Cristhian y Andrés nos tomaremos nuestras “polas”… pero antes regresamos a la universidad, con la emoción de disfrutar lugares diferentes de las frías paredes de la misma.

Andrés Felipe Vanegas Carmona
Vanegasc1@hotmail.com
Foto 1 y 3: Cristhian Mauricio Burgos T.
Foto 2: Andrés Felipe Vanegas.

martes, 31 de marzo de 2009

ENTREVISTA CONFRANCISCO SANTOS

ENTREVISTA POR: Andrés Felipe Vanegas Carmona
Cristhian Mauricio Burgos Torres
Carlos Alberto Caicedo Enríquez

El vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, es uno de los miembros del Gobierno más elocuentes, pero a la vez más polémicos en el último tiempo debido a las fuertes declaraciones que ha emitido frente al desempeño de gobiernos pasados, así como el realizado por el gobierno actual. En esta entrevista responde sobre el mensaje que está llevando por las universidades del país, pero además argumenta que la manera de gobernar en Colombia, respecto a las regiones, debe cambiar, y finaliza opinando sobre los problemas de nuestro país en las fronteras.

Vicepresidente, usted está recorriendo todo el país realizando diferentes reuniones, incluso argumentando las ideas del gobierno en las universidades, ¿cuál es el mensaje que les está entregando a los jóvenes universitarios?

Estamos en un momento del país en el que los jóvenes tienen mucho que decir, tienen mucho que plantear y a veces no tienen la oportunidad de que se les escuche, y es más eso que cualquier otra cosa. Porque creo que ahora que la violencia que nos agobió durante tantos años, y que hoy lo vemos como algo lejano, nos permite sentarnos a pensar qué país queremos. Gozamos un país donde tenemos el bono demográfico poblacional clásico de nuestras sociedades, en el que la gran mayoría de los colombianos son jóvenes, cerca de veintiocho millones de colombianos son menores de treinta y cuatro años de edad, y en ese sentido el futuro y el presente es de ellos.

Pero hay que empezar a pensarlo a largo plazo, ¿queremos más abogados o queremos más científicos? ¿Queremos exportar lo mismo o cosas diferentes? ¿Queremos mirar hacia la biotecnología o hacia las ciencias política? Éstas son las definiciones que el país tiene que dar y esa es parte de la discusión que estamos dando con los jóvenes.

En su discurso, usted sostiene que en Colombia se debería implementar un federalismo como forma de gobierno. ¿Podría ampliarnos este tema?.


Esa es una idea que está por desarrollarse. Si miramos como fue en el siglo antepasado y los resultados que dio esta forma de gobierno, creo que hay unos aprendizajes inmensos allí. El gran desarrollo antioqueño en sus primeros ciento cincuenta años de vida independiente, se dio durante la época en que este departamento era la república federal o soberana de Antioquia.

Este es un país de provincias, las regiones son importantísimas, y en el momento en que logremos armar un mecanismo institucional en donde las regiones puedan desprenderse del centro, resolver sus problemas, no en el proceso de descentralización tradicional, que además tiene sus bondades y defectos, sino una en manera más profunda de ver nuestro país, creo que daríamos un paso adelante muy grande en las posibilidades de desarrollo.

Pero eso todavía hay que ármalo, mirarlo, buscar los mecanismos para hacerlo. Eso requeriría unos ajustes institucionales dramáticos. Sin embargo, esa es una idea que hay que sembrar, es una semilla a la que hay que echarle agua para que en su momento germine.

¿Esa es una idea que también comparte el presidente Uribe?

Yo creo que no. Es una idea muy personal.

Si a Colombia, Venezuela o Ecuador lo atacarán detrás de una columna guerillera como lo hizo Colombia en territorio ecuatoriano, ¿se aceptaría la ley de legítima defensa,o cuál sería la posición del gobierno frente a este tema?


Lo primero es que el debate de la legitima defensa tiene que ser absolutamente secreto, es un debate que no se puede manejar por los medios de comunicación. Su discusión apenas va a empezar. Colombia siempre fue un país pacífico, nunca hemos tenido un conflicto externo, a excepción del conflicto con Perú que fue por acción de ellos. Yo prefiero que ese tema sea debatido a través de las situaciones privadas y de las reuniones y los escenarios no públicos.

Vicepresidente, para terminar, ¿usted ha hablado con su primo, el ministro Juan Manuel Santos, sobre sí se retira del minesterio o en torno al tema de legítima defensa, o alguna recomendación le ha dado en particular?

No, ambos estamos muy ocupados como para ponernos en discusiones de esas.



FOTO1: www.cmi.com.co

FOTO 2: bersoa1a.blogspot.com

FOTO 3: www.democraticunderground.com

martes, 24 de marzo de 2009

CUANDO EL SOL NO SALE...

CUENTO

Ese martes amaneció frío y con uno que otro vestigio de lluvia. Luis Gonzáles, médico forense sin título y madrugador empedernido, abordó el autobús a las seis, como lo ha hecho durante los últimos tres años de su vida."Aumentan casos de muertes por negligencias médicas", titulaba el periódico de aquel martes.

Luis llevaba camisa a rayas, con cuello, de manga corta, y sus pantalones negros hacían juego con las gafas oscuras que traía puestas. Aunque sus prendas estaban limpiecitas, el señor Gonzáles no dejaba de percibir un fuerte olor a formol que se desprendía de si mismo. Del bolsillo derecho de su pantalón saca una foto: "Te extraño mi vida, sé que pronto te veré de nuevo", dice en una esquina del retrato.

Trabajar con cadáveres implica, entre otros rigores, copular con aromas que, pese a lo desagradables, insisten a quedarse a vivir entre los poros de la piel.

Luis entra a su lugar de trabajo, la morgue del viejo hospital de la ciudad, tarareando una canción. Afuera, mujeres llorando y halándose el cabello. De repente, la desentonada voz de su jefe, un hombre corpulento y de bozo poblado, saca a Luis de su embeleso.

-Gonzáles
-Qué
-Dejé de entonar canciones maricas, y póngase a trabajar
-Pero

-Pero nada, acentúo el jefe

Mientras Luis se pone su desgastado delantal, ocho cadáveres, cubiertos con sábanas blancas, desfilan por todo el centro de la improvisada morgue: un cuartucho de seis metros de largo por cuatro de ancho. Luis si acaso lo podía creer, jadeante, parpadeaba una y otra vez. De nuevo, volvió a gritar su jefe.

-Gonzáles, no se quedé ahí parado
-Lo que diga señor, respondió
-Necesito que les practique, lo antes posible, las autopsias a estos cadáveres. No pregunte por qué, pero el director del hospital ordenó cambiar la verdadera causa de muerte de los cuerpos siete y ocho; así que ya sabe-, concluyó el jefe en tono malicioso.

-Pero por qué, insistió Luis.
-Usted si es terco Gonzáles, subrayó el jefe.

-En fin, aquí entre nos, parece ser que un par de colegas pasaron por alto algunos chequeos médicos y, bueno, las consecuencias están sobre esas bandejas. Cuerpos sin vida que usted tendrá que revisar para antes del medio día, ¡entendió Gonzáles!.

Luis, con la cara transfigurada, luego de tres años de trabajo en aquella morgue, atendía, por primera vez, una sesión masiva de autopsias.

El sudor se derramaba por todo su cuerpo. En la mente del señor Gonzáles, no cabía otra idea que no fuera la de abrir y remendar cadáveres de manera minuciosa. El calor se tornaba, con el paso de los arenosos minutos, más insoportable.

Las 11 y 15, marcaba el reloj. Aún restaban dos cuerpos por el examen anatómico. Levantó, con la misma frialdad de los anteriores cadáveres, la sábana que cubría el cuerpo número siete. Los ojos de Luis se brotaron. Aceleradas palpitaciones y respiración cortada, fueron la antesala de tan lamentable noticia.

El siguiente cuerpo al que, Luis, debía hacerle la autopsia, era el de Elizabeth, su hija. El mundo se le cayó a pedazos. Silencio anómalo. Frío que golpea. Las lágrimas ya rodaban por las mejillas del desdichado doctor.

El rostro de Gonzáles, del todo deshecho, reflejaba la culpa que sentía por el deceso de su hija. La última vez que vio a Elizabeth con vida, fue cuando ésta a penas tenía cinco años. Entró, sigiloso, al cuarto de la niña. Leyó un par de cuentos y entonó varias canciones para ella, más tarde, al igual que su esposa, la abandonó.

Viajó por el mundo intentando encontrar un trabajo, según él, digno de sus habilidades y conocimientos. En quince años de ausencia, nunca le pudo enviar a su familia un monto de dinero que valiera la pena. Gritos de dolor retumban en cada rincón del depósito de cadáveres. Recuesta su rostro sobre el vientre de su hija fallecida. Enseguida, Luis entona una, dos...y mil canciones para Elizabeth. En mayo próximo, la hija del médico forense, cumpliría 19 años.


CRISTHIAN MAURICIO BURGOS TORRES.

Fotografìas: peatom.info

miércoles, 11 de marzo de 2009

ENTREVISTA EXCLUSIVA CON EL CANDIDATO PRESIDENCIAL SERGIO FAJARDO

Entrevista por: Andrés Felipe Vanegas C., Carlos Alberto Caicedo E. y Cristhian Mauricio Burgos T.


Sergio Fajardo es tal vez el ex alcalde más famoso que tiene Colombia. Su trabajo con las comunas de Medellín le trajo varios reconocimientos. Ahora le está apostando a la presidencia de Colombia, y para ello está recorriendo todo el país para conocer, según él, las necesidades que tienen los colombianos. En esta entrevista muestra su punto de vista en temas como los problemas del DAS, la seguridad Democrática y las drogas.


Sergio, esta es la tercera vez que viene al Quindío, ¿qué le gusta de este departamento?

Yo he ido por toda Colombia, y ese paisaje que uno se encuentra cuando llega al Quindío es lo más lindo que hay en Colombia. Para mi trae recuerdos porque la altura de Armenia es más o menos la altura de Medellín, y mucho de lo que hay acá era similar en espíritu a lo que era cuando yo fui niño.


¿Candidato o precandidato presidencial?


Formalmente tendría que ser precandidato porque yo insisto en que uno es candidato cuando ha conocido el país y tiene unas propuestas. Nosotros estamos en la construcción de la misma y estamos terminando de recorrer el país. Por ello es abusivo decir que soy candidato sin tener una propuesta lista para presentarla. Se está construyendo y la estamos haciendo con cuidado, no aquello de reunirse un fin de semana dos o tres personas para decir algo inteligente, sino que lo que queremos es ver sentir y explicar. Por eso vamos hacia allá, a participar en las elecciones, nos vamos a inscribir por firmas en un movimiento cívico e independiente. Si el presidente Uribe está o no está en la contienda electoral es igual en el sentido en que nosotros seguimos. Para Junio o julio es el reto tener un paquete de propuestas, y después nos montaremos en un bus desde Ipiales hasta el Cabo de la Vela para recoger firmas.


El analista Gustavo Álvarez Gardeazábal dijo que usted recorre todo el país pero que no propone nada, ¿usted qué opina al respecto?


Muy inteligente, dijo algo cierto. Ahora, por qué, lo que estamos es pensando y estudiando. Eso es todo. Pero sí propongo algo, lo primero luchar contra la corrupción, la politiquería y el clientelismo, que son unos de los daños más grandes que han ocurrido en el país y que está vigente y latente y allí se pierde una buena parte de las oportunidades que tenemos. Pero es exacto, pensando, estudiando. Es que es muy fácil hablar de todos y cada uno de los temas sin saber de ello, por eso hay que escuchar antes de proponer, porque es más difícil escuchar que hablar.


Le vamos a plantear algunos de los temas más polémicos en la actualidad de Colombia, para que usted nos comente lo que piensa sobre ellos. Por ejemplo, ¿usted qué haría hoy por hoy con el DAS?


Lo primero que haría es darle respuesta a qué fue lo que pasó porque todavía no sabemos. Esto viene pasando desde hace varios años, con el señor Jorge Noguera y han salido funcionarios, se fue la directora, se cambio el uno se cambio el otro, y todavía no sabemos porque pasan las cosas. Entonces la primera pregunta que me hago es por qué. Ahora le quitaron la función de hacer interceptación de llamadas, muy bien, pero cuál era el problema, dicha decisión resuelve qué; y esa pregunta aún no tiene respuesta.


¿Y en cuanto a la seguridad democrática, continuaría usted con esta política dentro de su plan de gobierno?


Hay que entender bien qué es la seguridad democrática. Sin duda se ha visto un avance en el país en lo que respecta al tema de seguridad. Hay que tenerla en cuenta y entender que ha funcionado y no reversar en las cosas valiosas que se lograron. Ahora, yo insisto la seguridad tiene que ser un medio no un fin. La seguridad es un medio que permite condiciones para desarrollar cosas. Por ejemplo. Si no hay seguridad pues no hay turismo. Pero con seguridad el fin es el turismo no la seguridad. Y es una condición que la necesitamos y sobre eso lo que ha funcionado entenderlo muy bien. Yo lo he visto de primera mano y hay que reconocerlo. Y nuestra formula es quítele la violencia, mejore seguridad, pero cada que quite ponga… oportunidades sociales.


Colombia tiene cinco millones de inmigrantes en el exterior. ¿Con esta crisis económica podría ser posible qué tengan que volver al país? ¿Si es así qué hacer frente a este problema?


Yo no creo que tengan que volver muchos. De hecho los colombianos son de los que mejor aguantan las crisis en el exterior porque son un grupo de gente trabajadora. El colombiano es recursivo y además es respetado. Pero yo creo que la mayoría no se va a devolver porque han abierto un espacio. Indudablemente va a ser un momento amargo para quienes están en nuestro país y dependen de ellos, pero sinceramente no creo que se valla a presentar una estampida de colombianos que regresan a nuestra tierra.



Respecto al tema de la droga, los últimos gobiernos de nuesrto país, realizaron esfuerzos significativos para solucionar este problema. Sin embargo, la producción de la droga sigue aumentando. ¿Qué haría usted frente a esta situación?


Eso es parte de la propuesta que tenemos que presentar. Yo estoy de acuerdo con los planteamientos de Fernando Enrique Cardozo, César Gaviria y Ernesto Zedillo, en el sentido en que se tiene que mirar el problema como un tema de salud pública, entender una legalización parcial de ciertas cosas. Pero yo no creo que esa represión así como está funcione. No se puede cruzar de brazos y hay que ponerle todos los componentes sociales.

Matemático, político y paisa que toda la vida ha estado en la academia. Después de salir de la política, ¿volvería al alma mater?

Ya no puedo llegar como yo era antes, es decir como investigador, porque eso es como un futbolista cuando se retira siete años y quiere volver, ya le queda muy difícil. Podría ser el rector de una universidad para jalonar bastante. Es indudable, a mi me encanta la universidad.

Foto 1:www.elpaisvallenato.com
Foto 2:www.elespectador.com

jueves, 20 de noviembre de 2008

TEATRO COLOMBIANO A LO FRANCÉS

Por: Andrés Felipe Vanegas Carmona

PARTE I


Antes de salir al escenario, Maras la directora de la obra de teatro, en la que me presentaba por primera vez, nos decía que si los espectadores empezaban a moverse y no reaccionaban algo teníamos que hacer para causar emoción. Miraba con atención a mis compañeros mientras los maquillaban, pensando en qué le decía a Maras para que no postrara sobre mí, ese lápiz de color, que deja una huella sobre el bordo de los ojos. Gracias a Dios, como diría mi mamá, no lo usó en mí.

El pequeño cuarto en el que nos preparábamos no tenía luz eléctrica. La tensión, los nervios, el suspenso, la emoción desbordada y el desespero hacían presencia en los integrantes del colectivo. Maras se notaba un tanto estresada y nerviosa. Un hombre que por la falta de luz y la concentración en mi papel, hace que su rostro se pierda en la memoria, tenía gaseosa y buñuelos para cuando la corta obra culminará. Observaba a mis compañeras, una de ellas, que en la obra se llamaría Devora, me pide el celular mientras se pinta sus labios de un rojo fuerte y seductor.

En ese momento el locutor con micrófono en mano lee el orden de las presentaciones al público expectante que llenaba el auditorio. Los recuerdos de mi dialogo pasaban por mi cabeza, pareciéndose así, a la preparación que en la pubertad tuve antes de salir por primera vez con la niña de nariz respingada y cuerpo esbelto, que hacía de la sangre de mis venas un acelerador sin freno.

El acto comenzó. Devora, Camila y Juliana, como se llamaban sus personajes, salen al escenario cada una con una silla. Devora adelante hablando por celular con su novio al que deja al instante, mientras dan una vuelta en el escenario. Camila al sentarse como si estuvieran en un aula de clase le pregunta sí ese es el novio que le quitó, y ella le responde que sí. Entonces el reclamo no se hace esperar.

En aquel cuarto oscuro, se preparaba Carlos, que actuaría como profesor, y que además llevaba pintado un bozo que en realidad causaba hilaridad. – ¿Oiga tiene un espejo? -me pregunta- yo le respondo que no -¿Pero cómo me veo?-con falsedad le digo que bien.

Entre tanto, la obra sigue, y las niñas dicen que están en clase por ver el profesor que es un “papito”. Allí sale Carlos con su bozo pintado y el afamado maletín de cuero que tienen los profesores y otro que portaba joyas, e inmediatamente las carcajadas llenaron el gran auditorio. En realidad pensé que Carlos se reiría junto al público, como lo hace normalmente, cuando se burlan de él, y en el escenario, la verdad es que se personificó un profesor poco agraciado y algo anciano, según las mujeres asistentes. Él le entregó el bolso con las joyas a Devora.

En el cuarto oscuro espero con ansiedad para salir al escenario. Sebastián y Jessica, que en la obra personifican a un tendero y una señora chismosa, están listos con sus buenos atuendos para saltar ante el público con su discurso. Los nervios siguen a flor de piel. En ese momento ya no estaba presente aquella niña de la pubertad, sino la oscuridad y el temor. Allí escucho cuando Devora le dice al profesor que tienen que hablar a solas, y las dos compañeras se fueron detrás de ella para no perderse el chisme. Salen del escenario y entro.

La primera parte de mi actuación, no tenía dialogo, mientras que la señora chismosa le compra algo al tendero. Yo voy caminando por el escenario, como si estuviera en la calle. En ese instante los nervios se habían esfumado convirtiéndose así en un sentimiento indescriptible, pero que se parece a lo que mi ser siente y palpita cuando produce radio. Aquella mujer chismosa recibe una llamada de su hija, y de inmediato voy a comprar lo que se apareciera ante mi vista donde Sebastián, el tendero, con la única intención de escuchar lo que la dama, pintada con pestañas gigantes, asemejada al guasón, hablaba con su hija.

El público no se movía, pero tampoco se reía. Jessica, la actriz de la señora chismosa, le contó al tendero que a su hija Devora le habían otorgado una clase especial con un joyero europeo, pero que las joyas que le prestaba la universidad eran de un valor incalculable. Mi personaje escuchaba con atención, y mi mente se alejaba del miedo escénico. Gesticulo, en semiótica, utilizo los códigos quinésicos, para que los mil rostros que estaban frente a mí se dieran por enterados que yo era un ladrón. Y como salida de una mala copia de chespirito, salgo del escenario dando tumbos, con rostro sonriente que se conjugaba con una mirada picara para ingresar al cuarto sin luz. Jessica, la señora chismosa, sigue platicando con el tendero, hasta que este le cobra y ella sale huyéndole a su deuda.

Lo más interesante continúa en la parte II




TEATRO COLOMBIANO A LO FRANCÉS

Por: Andrés Felipe Vanegas Carmona


PARTE II

Después de haber transcurrido la mitad de la obra en la que no juego un rol preponderante, llegó el momento en que me convertiría en el papel principal.


En el cuarto oscuro observaba cómo Devora, Camila y Juliana organizaban todo para recibir el europeo. Y en el fusco cuarto, apurado me colocaba un trapo amarillo, supuestamente denominado gabán, al que no le encontraba una de las mangas. Escuchaba a Camila que fustigaba con palabras aduciendo que ese europeo no se lo robarían. Era hora de salir. Pero antes faltaba la bufanda para asemejarme un poco más a un europeo.

Escuché con ansiedad. – ¿Será español? - ¿Será francés? - ¿O será italiano? Y el vigor me llegó. Con acento francés entro a escena y digo: -Ola niñas cómo están- Risas del publico. Siento tranquilidad porque hubo emoción. Ellas inmediatamente caen en cámara lenta sobre las sillas y suspiran. Observo a los espectadores y con fuerza uuuuuu… y vuelven las risas. Y el dialogo inicia, cuando me presento. –Mi nombre es Fabrice, ¿tú cómo te llamas?- ella contesta –Devora- y le digo –que bello nombre es muy colombiano- paso donde Camila y le huelo el cuello y afirmó que por el olor parece francesa. Sin embargo, donde Juliana el francés se choca porque es una mujer muy seria. Traté de subir el tono de mi voz, pero imitar otro acento lo complejiza.

Me doy media vuelta, mirando los rostros de los asistentes que apuntaban al mío, y por primera vez los tengo de frente. Y la valentía hace que el dialogo continúe. –Niñas yo vengo desde Francia, donde tengo muchos almacenes de joyas al igual que en Europa, y estoy aquí para dictarles una charla- Me volteo y están casi encima de mí. Vuelvo al público con mirada sorpresiva y hago un uuuuu… y de nuevo las risas. Cuando giro ya están en sus sillas. Y el discurso de un vino de la mejor cosecha para romper el hielo se ve interrumpido por Juliana que me dice que ellas están allí es para estudiar. Como un buen ladrón, observo al publico y un poco afligido les digo que era un pequeño detalle. Sin embargo, Devora la reconviene, al igual que Camila, y le dicen que no se amargue, porque los franceses son exóticos. Entonces les sirvo el vino. Y la impaciencia acompañada de miedo y nervios para ese momento se había perdido totalmente.

Les comento con acento francés -niñas cuando venía para acá, me encontré con un lugar que le dicen ustedes San Andreus, San Andris- y dice Camila –profe San Andresito- y vuelvo –aaaa…si… allá me vendieron un CD de salsu, salsi- y Juliana interrumpe –salsa profe- En ese momento se levanta Devora y me dice que me podría enseñar a bailar, y como supuesto europeo me encanta la idea. Camila sienta a la fuerza a Devora, y a su vez Juliana hace lo mismo con Camila y dice que ella me enseña. Y arremeten contra ella afirmando que es una mosquita muerta. Entonces me expreso –no se que quiere decir mosquita muerta, pero entonces mosquita muerta pon la música. Las risas regresan.

Empezamos a bailar, y las tres se turnaron al francés, es decir este narrador. Cuando ya estaban borrachas me sienta en la mitad de las sillas y se postran muy cerca a mí. Todo el mundo suspiraba. Al ver que las victimas ya estaban borrachas les dije que era mejor comprar más vino, que yo iba a comprarlo. –Niñas me llevo el maletín porque aquí tengo el dinero para comprarlo- Tome el bolso con las joyas y salí de la escena con la cara de pícaro mirando a los espectadores. Y de nuevo estoy en el cuarto sin luz.

Desde la oscuridad se veía un taxista con un español apurado porque jamás había llegado tarde a una de sus clases. El taxi falla y llaman otro. Y vuelvo a entrar en acción. Llegó en el taxi que habían pedido y acepto que lleven al español. Cuando me doy cuenta de su procedencia, mi personaje entra en pánico, y las joyas, que por un momento no encontraba, las boto al piso mientras la gente cree que se cayeron. El español las muestra al público y pregunta dónde las conseguí. Nervioso se las arrebato. Paro el taxi y me voy. El conductor, que antes fue el profesor, Carlos el del boso, me cobra y yo regreso al cuarto fusco.

En la oscuridad el placer circula mis venas, mientras la obra continúa. Espero paciente el culmen. Miro hacia atrás y los buñuelos estaban preparados para cuando los compañeros le dieran la estocada final a la escena. Vuelvo mis ojos hacia el escenario.

En él, a una niña le robaban la bicicleta, y una masa enardecida pretendía linchar al ladrón. El público seguía reaccionando positivamente. Un policía los detiene y hace alarde de su poder, mientras ellos le gritan inepto. Y del fusco cuarto vuelvo a zarpar, tomo al policía del hombro y le informo que ese ladrón es mi hermano y lo voy a llevar al hospital. El policía responde negativamente. Entonces en un tono muy colombianizado alejado del francés, le muestro una joya.

Tomo al ladrón y lo conduzco hacia el cuartico oscuro, mientras esperamos que la masa enardecida cambie de papel y de un momento a otro regresen a la tienda. La señora chismosa que tenía cierto parecido a guasón, le reclama al tendero porque sólo él conocía que su hija tenía las joyas, y alardea de lo beata que es su hija Devora, al igual que la madre de Juliana y de Camila. –Nuestras hijas no toman, ellas no rompen un plato. En el cuarto oscuro, el ladrón y yo emocionados por el éxito nos damos cuenta que el tendero les cobra y salen disparados hacia el centro. La vieja chismosa dice: -necesito un policía para recuperar las joyas. El ladrón pide un policía para que haga respetar los derechos humanos. Y yo vuelvo en tono francés –necesito un policía para que me saque de este país antes de que me roben las joyas. Y el tendero pide un policía para que le paguen las deudas. Y todos en coro -necesito un policía. Y los aplausos retumbaron.

Y de nuevo al cuarto oscuro, ahora por última vez. Tomo el buñuelo, salgo de allí rumbo a la parte exterior del auditorio, y sale de mi ser una pregunta muy popular entre los periodistas, pero que en realidad no tiene razón de ser y siempre tiene igual respuesta… Maras, ¿es más difícil estar afuera o adentro?
En fin el grupo se despidió, porque fue la primera y única obra juntos, y con la alegría brotando desde adentro, me como mi buñuelo con gaseosa que me esperaba desde el comienzo de la obra

martes, 11 de noviembre de 2008

CASCARONES DE CIELO


Cuento


Por Cristhian Mauricio Burgos Torres


Gente que camina en múltiples direcciones. Lluvia copiosa. Ausencia de sentido, de ser, de estar. De niño soñaba con ser fotógrafo, ahora que lo es desearía ver su cámara estallar en pedazos. Es más de medio día y el dinero recolectado por las fotos retratadas, a su parecer, dignas de ser publicadas en una revista europea, si a caso le alcanza para un par de cigarrillos y frituras.

En casa, el bebé lame sus manitas y sonríe a carcajadas. Nathaly prepara café y mira como si estuviera postrada sobre una hoja de papel en pleno vuelo. Tras una tarde de perros, se acerca el que podría ser el primer cliente. “Oiga, quiero una foto con este atardecer mandarina. Es para mi novia. Terminé con ella hace unos meses. Extraño el sexo blando. Además, adora los colores incandescentes”.

El bebé duerme en posición de feto, quizás extraña la calidez de aquella piscina amniótica. Nathaly tiene los labios resecos. Cuando bese de nuevo al fotógrafo piensa saciar la sed que hace estremecer su cuerpo. Admite que estar con un soldadito que juega a la guerra ha sido uno de sus peores disparates.

Tocan la puerta. No hay prisa. El tiempo es cosa del pasado. Nathaly abre. Silencio anómalo. “Hola mi amorcito”. Hombre con traje militar y piel arrugada. “Mira la cámara que te compré. Trae también mi fotografía con el fondo de un cielo color mandarina”.

De vuelta a casa. Calles empedradas. Oficio hostil. Lágrimas de languidez recorren la cara del Fotógrafo. Prefiere el fusil.

Por Cristhian Mauricio Burgos Torres.